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Universidad de Chapingo presenta proyectos de sustentabilidad

La Universidad Autónoma de Chapingo dio a conocer dos proyectos en materia de captación de agua pluvial y producción de maíz como métodos para transitar a la seguridad alimentaria.

En conferencia de prensa, el rector de la institución, Sergio Barrales, explicó que se debe mirar a la agricultura en su justa dimensión, es decir, como proveedora de alimentos para así lograr la sustentabilidad alimentaria del país.

“Si en el país hay la intención de que alcancemos la autosuficiencia alimentaria y sobre todo que vayamos a la soberanía alimentaria que implica producir nuestros propios alimentos e implica conservar nuestro arte culinario, si alguien toma esa decisión nosotros podemos contribuir”.

En su oportunidad, el subdirector de Servicio y Extensión de la dirección general de Difusión Cultural y Servicio de la Universidad, Pedro Ponce Javana, detalló que el año pasado se lanzó un programa especial de extensión y vinculación universitaria, en el cual se aprobaron 56 proyectos.

Dichas iniciativas, responden a las necesidades e intereses de productores de las regiones más pobres del país, además deben tener impacto social, económico y ecológico aunado a que impactan en mejorar calidad de vida de productores así como de llevar innovación tecnológica para agricultura de temporal buscando autosuficiencia alimentaria.

Por ello, dijo, la importancia de dar a conocer los proyectos presentados este martes para ser valoradas por el gobierno y buscar que sean implementadas como políticas públicas.

Así, el ingeniero, Rafael Sánchez Bravo, dio a conocer un proyecto de captación de agua de lluvia para uso doméstico, promovido por el Laboratorio de Tecnologías Hídricas Innovadoras del Departamento de Irrigación de la Universidad Autónoma de Chapingo como respuesta a la necesidad de contar con agua disponible.

Detalló que en la actualidad hay 14 millones de mexicanos que no tienen acceso a agua potable o entubada, por lo se que buscó a familias poseedoras de inmuebles en estas localidades para implementar el proyecto que consta de capacitación para que las personas aprendan a captar agua y cuenten con su propio módulo para hacerlo.

“Una de las características de este proyecto es que las tecnologías es que sean artesanales, de fácil adopción y de bajo costo, que los materiales estén al alcance de su comunidad”.

Explicó que dichos módulos tienen capacidad de almacenamiento de más de 12 mil litros por casa para así poder garantizar el derecho humano de consumo de agua, aunado a la entrega de filtros de purificación para limpiar hasta 600 litros de agua al mes.

Sánchez Bravo refirió que hasta el 31 de diciembre de 2016 se entregaron 63 módulos, ello en beneficio de 45 familias rurales y de 15 escuelas, que impactaron de manera directa a 180 personas y a mil 500 estudiantes.

“Se instaló infraestructura de almacenamiento para 540 mil litros para las familias y 216 mil litros instalados en las escuelas, lo que se traduce en un impacto de 756 mil litros, que traducido a pipas de agua en comunidades es bastante”.

En tanto, el ingeniero de la institución, Gerardo Noriega, explicó que el maíz es parte de la cultura mexicana y se cultiva en dos mil 300 municipios del país, con un rendimiento medio de 3.3 toneladas por hectárea, lo que ha llevado a que en los últimos años se acuda a las importaciones de alimentos.

Así refirió que 44 por ciento de los costos de producción de maíz en los sistemas de producción agrícola podrían ser impactados por el precio del dólar y 13 por ciento por el precio del combustible.

Por ello, el proyecto presentado por el investigador, que ya se desarrolla en el Valle del Mezquital, en Hidalgo, tiene que ver con la restauración de la fertilidad del suelo para así incrementar el rendimiento y reducir los costos de producción, ello, en materia de energía, fertilizantes de síntesis química y de plaguicidas.

“Es necesario que se desarrolle una política agrícola que vaya orientada a restaurar la fertilidad de los suelos, a producir insumos nacionales de manera doméstica y producir alimentos de calidad”.

Explicó que la tecnología desarrollada en la Universidad Autónoma de Chapingo se cuenta con un costo de producción de maíz de alrededor de mil 400 pesos por tonelada, en comparación con el precio del mercado de alrededor de tres mil 800 pesos, lo que resulta atractivo para los productores.

“Esta contribución que hace Chapingo, invita a que las instituciones de educación superior, todo ese talento mexicano y la voluntad política del Estado se sumaran y así poder desarrollar una estrategia que en el corto plazo nos permitieran producir los alimentos que requerimos”.

A su vez, Barrales señaló que es necesario ver a la agricultura como un sector estratégico, como otros países, y puntualizó en la necesidad de respaldar la actividad agrícola para proveer los alimentos que consumen los mexicanos.

Agregó que “México tiene un potencial terrible en agricultura, ambientes, y lo único que falta es una decisión política y recuperar lo que muchos llaman autoestima en los productores, ya no hay interés de producir en el campo”.