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Un virus que infecta a los cerdos en China aparece en humanos en Brasil

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Un virus que infecta al gusano Ascaris suum en el intestino de los cerdos en China fue hallado en Brasil. Se lo descubrió en la materia fecal de un niño acometido por una gastroenteritis, y lo describieron científicos de diversas instituciones brasileñas y de Estados Unidos. Un artículo al respecto salió publicado en la revista Virus Genes.

 

Esta investigación no permite arribar a la conclusión de que el virus en cuestión –denominado WLPRV/human/BRA/TO-34/201– haya llegado a Brasil proveniente de China en alguien que comió carne de cerdo infectada. O que ese virus haya sido el causante de la gastroenteritis.

 

“Analizamos una muestra de materia fecal de un niño con diarrea cuyo agente patogénico no había sido identificado y descubrimos un virus que sólo había sido secuenciado anteriormente una sola vez, en China. Pero es demasiado prematuro afirmar que el virus haya llegado a Brasil proveniente de China. Tal como lo hemos descrito, puede ser –y es muy probable– que, con el tiempo, se lo encuentre también en otros lugares. Y quizá esto permita establecer una secuencia de la propagación. Pero por ahora no sabemos si el virus llegó desde China. Todo lo que tenemos son dos secuencias genómicas similares”, declaró la coordinadora del estudio, Ester Cerdeira Sabino, directora del Instituto de Medicina Tropical (IMT) de São Paulo, en Brasil, y docente del Departamento de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo.

 

Este estudio contó con el apoyo de la FAPESP en el marco de los proyectos intitulados “Investigación de la evolución de cepas animales de rotavirus que infectan a humanos” y “Metagenómica viral del dengue, el chikunguña y el zika: seguir, explicar y prever la transmisión y la distribución espacio-temporal en Brasil”.

 

Según Antonio Charlys da Costa, posdoctorando del estudio, hay una enorme cantidad de virus activos en el mundo que aún no han sido descritos.

 

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“Teniendo en cuenta la cantidad de seres eucariontes presentes en la Tierra, se estima que existen aproximadamente 87 millones de virus que deben describirse. Actualmente, el Comité Internacional de Taxonomía Viral (ICTV) reconoce 4.404 especies de virus en eucariotas, lo que significa que se desconoce o no se ha clasificado más del 99,99% de los virus aún. Pese a que constituye tan sólo una estimación, creemos que es válido este porcentaje debido a la gran diversidad viral que hemos hallado en las muestras secuenciadas hasta el momento”, dijo Da Costa, becario de posdoctorado en el IMT con beca de la FAPESP.

 

Uno de los enfoques de la investigación que Da Costa lleva adelante consiste en identificar y secuenciar virus aún no descritos. El estudio epidemiológico –que contempla la distribución de los virus, la frecuencia de aparición en la población, las enfermedades asociadas, etc.– es algo posterior.

 

“Lo que hicimos fue investigar muestras de materia fecal humana tomadas durante episodios de gastroenteritis cuyos agentes patogénicos no se habían identificado. Encontramos innumerables agentes presentes y ahora estamos describiendo esos hallazgos. La metodología utilizada es la metagenómica viral, que hace posible la identificación de cualquier agente infeccioso. Esto no quiere decir que los agentes encontrados sean responsables de la gastroenteritis. Pero este mapeo permite poner en marcha una correlación con la mira puesta en estudios futuros”, explicó Cerdeira Sabino.

 

Como los virus constituyen el objeto del estudio, deben cumplirse varias etapas durante la investigación. El primer paso consiste en filtrar la muestra a escala micrométrica, de manera tal de bloquear y descartar células, parásitos, hongos y bacterias.

 

Aun así, fragmentos de ADN y de ARN libres logran pasar por el filtro. Y hay que eliminarlos. Para ello se utilizan las nucleasas, que son enzimas que digieren ADN y ARN. El ácido nucleico del virus (ADN o ARN) no es digerido, pues se encuentra protegido en el interior del cápsido viral. Pero sí lo es el ácido nucleico libre. Al cabo de todo esto, la partícula vírica pasa por el proceso de lisis celular, de destrucción o disolución de la célula causada por la rotura de la membrana plasmática. Por último, el material genético es liberado y secuenciado.

“Esto produce miles de millones de pequeñas secuencias que deben alinearse en el intento de reconstruir los genomas virales. Una vez obtenidas las secuencias mayores, el paso siguiente consiste en buscar, vía bioinformática, algo análogo en el banco de datos, lo cual en general requiere mucho tiempo de procesamiento y poder computacional. Secuenciamos todos los virus posibles en las muestras. Y luego procuramos ver si las secuencias obtenidas coinciden con las de virus conocidos”, dijo Cerdeira Sabino.

 

Según los autores de la investigación, el principal agente viral de las diarreas en Brasil solía ser el rotavirus. Pero a medida que las rotavirosis pasaron a prevenirse mediante la vacunación, es posible que otros agentes virales puedan estar causando las gastroenteritis.

 

Cerdeira Sabino comenta que puede suceder que dos virus no patogénicos produzcan un virus patogénico por recombinación, por ejemplo. En la recombinación, un fragmento de un virus se junta a un fragmento de otro virus para formar un tercero.

 

“Desconocemos la etiología de muchas enfermedades humanas. Con respecto a las diarreas, por ejemplo, en más del 50% de los casos se ignora su causa. Por eso existen muchos agentes que deben descubrirse. Antes no lográbamos salir en busca de esos agentes, pues era muy difícil y caro secuenciarlos. Pero con los secuenciadores de nueva generación, esto se ha vuelto fácil. Con todo, existe una gran distancia entre hallar un agente y probar que el mismo es el causante de la enfermedad”, afirmó la investigadora.

 

También participaron en la elaboración del artículo Adriana Luchs, Elcio de Souza Leal, Shirley Vasconcelos Komninakis, Flavio Augusto de Padua Milagres, Rafael Brustulin, Maria da Aparecida Rodrigues Teles, Danielle Elise Gill, Xutao Deng y Eric Delwart.

Fuente: AGENCIA FAPESP/DICYT