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Trampas para insectos, opción ecológica que ahorra agua y uso de químicos

las trampas para insectos son una alternativa ecológica a los insecticidas convencionales usados en los cultivos agrícolas ya que minimizan el gasto del agua, el uso de productos fitosanitarios y rebajan el porcentaje de frutos afectados en una plantación.

La trampa, lista para ser colgada de los árboles frutales, es de plástico, normalmente color amarillo, y consta de dos partes: un atrayente o cebo alimenticio que atrae a los insectos y de un insecticida, colocado en el interior del cubículo de la trampa, que los elimina.

El insecto -ha detallado Cerdá- entra en la trampa atraído por el olor que desprende el cebo alimenticio, generalmente una base proteica en estado normal o en estado de putrefacción que al chuparlo le provocará la muerte inmediata por asfixia.

Mosca del Mediterráneo

El trampeo masivo es especialmente efectivo con la mosca del Mediterráneo, Ceratitis capitata, una plaga de enorme importancia en el campo agrícola español por los daños que ocasiona a los frutales (caída fruto, pudriciones), lo que incide en las pérdidas y en el incremento del coste de producción de los cultivos.

El experto ha señalado que el uso de estas trampas también reduce el empleo de productos químicos: en una hectárea de cultivo puede haber, a lo sumo, 2 o 3 gramos de insecticidas repartidos entre todas las trampas, lo que mitiga el riesgo de contaminación atmosférica.

Para Cerdá, el trampeo se enfrenta a un serio problema: la recogida y posterior reciclaje de estas trampas de plástico, acción que, a su juicio, se debe prever antes de que hayan agotado su ciclo para no terminar como residuo en el medio ambiente.

“Si no se prevé su destino y se reciclan de manera sostenible y eficiente el sistema no será del todo válido, los agricultores no sabrán qué hacer con las trampas.”

Con las trampas y otros residuos -ha continuado- el agricultor tiene que cumplir complicados trámites como clasificar el residuo o inscribirse como productor para contratar a un gestor con un coste generalmente inasumible, ya que son cantidades pequeñas y las explotaciones están muy separadas.

A su juicio, un modelo como el de Sigfito permitiría compartir la responsabilidad de la gestión del residuo y simplificarla.

De esta manera, los fabricantes adelantarían la financiación, los distribuidores y las cooperativas participarían en la recogida, sin necesidad de ser gestores, y además se informaría a los agricultores sobre cómo acondicionar y entregar sus residuos en establecimientos cercanos.

Pastor ha puesto como ejemplo una prueba piloto que Sigfito está llevando a cabo en Cataluña para recoger trampas de captura y monitoreo con el fin de estudiar la viabilidad de ésta alternativa para posteriormente, entre todos los sectores involucrados, plantear al Gobierno una solución. Efeverde