Resalta que sólo 10 por ciento de los suelos destinados a la agricultura son de buena calidad y predomina una mayor superficie de temporal ante una casi inexistente de riego, e indica que en los años 2000 y 2006, 16 por ciento de personas tlaxcaltecas que migraron son habitantes originarios de las zonas rurales.

En marzo de 2019, la delegación de la Procuraduría Agraria (PA) dio a conocer que, derivado de recorridos en el estado, identificó que aproximadamente 50 por ciento de ejidatarios son personas adultas mayores.

En cuanto a la remuneración económica en el campo, el año pasado la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) incorporó el trabajo agrícola jornalero en la lista de salarios mínimos profesionales 2021, equivalente a 160 pesos para el centro del país, cantidad que para el caso de la entidad resulta inferior, pues antes de esta medida oficial, el monto era de hasta 200 pesos, en algunas regiones.

En el transcurso del sexenio de Enrique Peña Nieto desaparecieron algunos programas dirigidos al sector juvenil, como el de Apoyo a Jóvenes Emprendedores, y se restringió el acceso al de Vivienda Rural.

En la administración federal actual, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) afirma que en este año ha incorporado a la estrategia de acompañamiento técnico a siete mil jóvenes Construyendo el Futuro, en el país, en acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, para prepararlos en el ‘relevo generacional’ hacia una transición agroecológica con productividad, a través de técnicos comunitarios, pues son hijos e hijas de campesinos, pero las organizaciones reiteran que para Tlaxcala no hay este beneficio específicamente destinado a este segmento de la población.

Cuando regresan ya no quieren reincorporarse a trabajar la tierra
“Los jóvenes salen de México para trabajar las tierras agrícolas extranjeras; los gobiernos han equivocado las políticas públicas enfocadas a nuestro sector”, reprocha Claudia Flores Cervantes, presidenta de la Asociación Jóvenes Transformando la Nación e integrante de la Central Campesina Independiente (CCI).

Lo más preocupante es que migran no solo a otras entidades del país, sino a Estados Unidos, principalmente, a pesar –agrega- de que existen muchas restricciones para detener el flujo de población hacia esa nación.

“Se van porque aquí no hay no posibilidades económicas ni tecnológicas y mucho menos ganancias, por eso piensan que emigrando es la única forma de dar sustento a sus familias y por eso hay un abandono al campo”, resalta.

Los pocos jóvenes que siguen aquí comentan que todos los insumos “están carísimos” y que el maíz que vendieron al gobierno federal fue a un precio de 5.60 pesos aproximadamente, pero –lamenta- actualmente en el mercado se paga en ocho pesos.

“Cuando regresan a Tlaxcala los que se van –abunda- ya no quieren reincorporarse al campo, sino abrir un negocio; algunos continúan con labores agrícolas al lado de sus padres y al mismo tiempo realizan estudios relacionados con esta materia y tratan de innovar; sin embargo, requieren incentivos institucionales”.

Considera que otro factor que estimula el éxodo, es la falta de apoyo del gobierno para proyectos productivos, “porque los jóvenes tenemos ideas innovadoras y estamos abiertos a que haya intercambio de cultivos y a trabajar con los ciclos agrícolas de manera diferente, de acuerdo al cambio climático”.

Pero subraya que el problema es que no hay acceso a capacitación, ni a tecnología y mucho menos a presupuesto que respalden ideas de la juventud del ámbito rural o que permitan procesar la producción agrícola para darle un valor agregado; por tanto, tampoco hay ingreso al mercado.

Se ha ubicado que una de las principales zonas de expulsión de jóvenes campesinos es la norte, de Muñoz de Domingo Arenas a Hueyotlipan hacia Calpulalpan, en la parte poniente, “de donde salen de forma legal o irregular”.

Aunque, en Huamantla, que es región oriente, también se observa este fenómeno, pero en un grado menor; por eso, a la partida de la población rural joven solamente las personas mayores o adultas mayores se quedan al frente, anota.

“Pero en la migración también influye que la juventud no es dueña de la tierra, por lo que los padres son quienes todavía toman las decisiones, tienen el mando real”.

Asevera que al inicio de la pandemia de Covid-19 se observó un crecimiento de la actividad en la tierra, debido a que las personas no salieron a trabajar en otros sectores por las medidas sanitarias impuestas, pero ahora han comenzado a reintegrarse, por eso nuevamente predomina la presencia de mayores en el campo.

“No tengo el dato exacto, pero alrededor de 10 por ciento de jóvenes que trabajan en el campo, posee legalmente una superficie; el resto tendrá que esperar a adquirir algún terreno o a que les sean cedidos los derechos parcelarios”, remarca.

Acentúa que por esta razón la población juvenil “no está tan arraigada, por carecer de certeza jurídica, de ahí que emigre o se dedique a otra actividad; a veces, conjuga siembra y maquila, para que le vaya un poco mejor”.

Lo rentable es irse a Estados Unidos
Diego Lira Carrasco, del Movimiento Social por la Tierra (MST), otro de los dirigentes campesinos más jóvenes de la entidad, realza la condición de este sector.

“Estamos viendo mucha emigración para Estados Unidos, todos los jóvenes se están yendo, hasta están dejando el estudio; hay un abandono al campo y a la escuela. Son pocos los que se están quedando”, menciona.

En su opinión esta situación ha provocado, entre otras cosas, que tanto a nivel estatal como nacional, “ya no seamos exportadores, sino importadores de granos, sobre todo de maíz, y de otros productos agrícolas”.

Toda la juventud se está yendo a trabajar a Estados Unidos –refiere-, a pesar de que México “tiene mejores condiciones climatológicas que ese país”. Atribuye esta situación a la falta de políticas públicas de los gobiernos, específicamente del federal, pues en la actualidad “no benefician en nada”.

Además, hay productores pequeños que solo cuentan con solares o surcos, sobre todo en la zona sur de la entidad, y ello también repercute en la permanencia o en el abandono al campo; “en que los jóvenes se queden o se vayan, porque no son dueños de la tierra y porque no tienen acceso a los programas”.

Puntualiza que el fenómeno de la migración es causa de una baja producción agrícola: “porque no hay condiciones óptimas para ver un costo-beneficio, ya no es rentable, sino irse a Estados Unidos, siendo mano de obra barata, en lugar de luchar desde aquí por la SOBERANÍA ALIMENTARIA”.

“Del campo a la maquila”
Marco Antonio Montiel Torres, expone en su diagnóstico “Del campo a la maquila. La transformación económica del sur del estado de Tlaxcala en el contexto de la globalización”, que desde la década de los años 40 del siglo pasado, habitantes de Mazatecochco han experimentado un cambio en sus actividades económicas, “pasando de la agricultura de subsistencia a la producción de manufacturas textiles”.

Los investigadores Iñigo González Fuente, Hernán Javier Salas Quintanal y Héctor Daniel Hernández, en su estudio “Jóvenes rurales y empleo en Tlaxcala, México: trayectorias inciertas”, efectuado en el municipio de Nativitas de 2013 a 2016, muestran que la generación de pobladores de ese lugar, de entre 15 y 29 años de edad, ha transitado de lo agrícola al comercio y servicios, y que los proyectos colectivos son desplazados por intereses individuales de sus miembros.

La jornada

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