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Por fallas en Sader no llegan a tiempo apoyos agrícolas a indígenas: ASF

Auditoría a la Cuenta Pública 2019 detecta que este programa de beneficios directos tiene problemas con su diseño y su padrón; recursos para ciclo primavera-verano 2019 se dieron cuando ya había terminado; el sector afectado es de alta marginación.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) reveló severas deficiencias del Programa Producción para el Bienestar, uno de los estratégicos para la 4T que consiste en la entrega de apoyos para productores del campo en diferentes rubros (maíz, frijol, arroz, café y caña), el cual presenta graves deficiencias que llevaron incluso a la entrega de recursos extemporánea y fuera de ciclo, afectando a beneficiarios, entre los que hay comunidades indígenas de alta y muy alta marginación.

En el documento se indica que, según el Plan Nacional de Desarrollo, uno de los objetivos del Programa de Producción para el Bienestar es “romper ese círculo vicioso entre postración del campo y dependencia alimentaria”; sin embargo, la auditoría identifica insuficiencias en el diseño programático que afectan su alcance y eficacia.

Por ejemplo, se halló que entre el 29 de agosto y el 23 de diciembre de 2019, “las Representaciones Estatales solicitaron autorización a la Sader (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural), de manera extemporánea, para emitir el incentivo correspondiente a los productores de PIMAF, indígenas de alta o muy alta marginación, de café y de caña de azúcar, por lo que los apoyos para el ciclo agrícola primavera-verano 2019 fueron otorgados a finales del ciclo y no se aseguró que el apoyo fuera recibido antes de la siembra, situación que impidió que el programa cumpliera con su finalidad”.

La ASF señala que el retraso en la dispersión de apoyos para los estratos indígenas café y caña de azúcar “se debió a la falta de coordinación entre la Sader y la Sabien, debido a que la primera señaló que se presentaron complicaciones en la integración del padrón y a que no se especificó con claridad quién debía inscribir a dichos productores al padrón, lo que afectó la entrega de los apoyos en los tiempos previstos”.

Además, hay inconsistencias en la integración del Padrón Único de Beneficiarios, pues éste debe estar constituido por 70 campos y la Sader sólo registró 49, lo que representa 70 por ciento.

En el informe también se desglosa que la Sader otorgó tres millones 167 mil 662 apoyos a dos millones 98 mil 910 productores de granos de maíz, frijol, trigo, arroz y de café y productores de caña por un monto de 10 mil millones 908 mil 243 pesos; “sin embargo, debido a las deficiencias en el diagnóstico, diseño y operación del programa, no hubo certeza de que los apoyos sean entregados de manera oportuna, a fin de incrementar la producción y productividad de granos y con ello contribuir al aumento del grado de autosuficiencia alimentaria nacional (de granos) y a la competitividad de esos cultivos”.

La auditoría detalla que, además, la Sader presenta las mismas carencias encontradas en los diagnósticos anteriores —cuando era Sagarpa—, pese a haber actualizado el Diagnóstico del Programa con base en los criterios establecidos del Coneval.

Entre las fallas que detectó la ASF destacan: a) cuantificar las causas y los efectos de los problemas que presentan los productores; b) identificar las entidades y regiones prioritarias de atención; c) definir la frecuencia de actualización de la población objetivo, y d) identificar las similitudes con otros programas prioritarios del Gobierno federal o si es complementario con los programas Precios de Garantía, de Fertilizantes y Sembrando Vida.

La ASF también detalla que la Sader modificó el Programa de Producción para el Bienestar con cinco meses operando; “no obstante, persistieron las insuficiencias encontradas en el diagnóstico anterior, referentes a: a) los antecedentes; b) la problemática; c) los objetivos; d) las alternativas; e) el diseño; f) el análisis de similitudes o complementariedades, y g) el presupuesto”.

El informe concluye que “el programa presentó deficiencias en su diseño e implementación que pusieron en riesgo el cumplimiento de su objetivo y que los recursos se administraran con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y rendición de cuentas en su primer año de operación, principalmente porque en el diagnóstico del programa no se definió, de forma precisa, el problema público que pretende atender y se careció de información cualitativa para fundamentarlo; el diseño no contó con alineación y articulación entre los diferentes objetivos que se presentan en el PND 2019-2024, los lineamientos y la MIR; no se determinó que el programa debía contar con reglas de operación; presentó irregularidades en sus mecanismos de seguimiento, supervisión y evaluación, y sus indicadores no fueron suficientes para medir el cumplimiento”.

fuente: La Razon