No es tanto lo que hago sino lo que no hago lo que más impacta al rendimiento”, dijo el experto en fisiología vegetal de la Universidad de Illinois, Estados Unidos (EE.UU.), Dr. Fred Below, en una charla virtual organizada por MicroEssentials, donde dio a conocer los secretos para maximizar los rindes del cereal.

Para Below, existen siete factores fundamentales que afectan el rendimiento de la gramínea a los que llama “las siete maravillas del maíz”: clima, nitrógeno, híbrido, rotación de cultivos, población, sistema de labranza y productos biológicos. “Si alguno no está optimizado, el rinde será menor, para lograr 16 toneladas hay que optimizar esos siete factores y sus interacciones positivas”, remarcó el especialista. De todos ellos, lo más nuevo en la producción agrícola son los insumos biológicos que se pueden agrupar en reguladores del crecimiento vegetal (auxinas, giberelinas, citoquininas), microbios benéficos y bioestimulantes.

Según el experto, estos productos pueden aplicarse en varias oportunidades para aumentar el rendimiento: en tratamientos de semillas, en el surco con el fertilizante arrancador, de manera foliar con herbicidas postemergentes en etapas vegetativas o bien en período reproductivo junto a fungicidas o insecticidas, y con fertilizantes granulados.

Entre las subcategorías biológicas mencionó a las bacterias fijadoras de nitrógeno (N) que aumentan la disponibilidad del nutriente para las plantas; las bacterias solubilizantes del fósforo (P); los hongos micorrizas que producen una extensión del sistema radicular y en consecuencia la absorción de nutrientes; las enzimas fosfatasas que incrementan la disponibilidad del P orgánico; los ácidos húmicos y fúlvicos que quelatan los cationes de suelo; los extractos marinos como las algas y los azúcares, estos dos últimos, estimulantes de microbios y raíces, y reductores del estrés de las plantas.

“En el futuro los veremos usados de manera nueva, en fertilizantes secos para mejorar o beneficiar la absorción de nutrientes”, afirmó Below. Y contó que la utilización de biológicos esta “explotando” en EE.UU. “Sea escéptico pero mantenga la mente abierta y esté dispuesto a probarlos, pero comprenda qué hacen, cómo funcionan, antes de hacerlo, sepa que no son un reemplazo de un buen manejo”, indicó el experto.

Densidad y fertilidad

De las siete maravillas, la densidad de plantas (pl) por hectárea (ha) -uno de los componentes del rendimiento- es la que más ha cambiado en el país del norte en los últimos 55 años. Según contó Below, en ese período pasó de 50.000 pl/ha a 79.000 pl/ha, teniendo posibilidades de crecer hasta 93.000 pl/ha en siembras en hileras a 76 cm y una distancia entre plantas de 12,2 cm. Paralelamente, desde 1960 a la actualidad, el rinde promedio del cereal se duplicó.

De acuerdo al especialista, en Argentina, con cultivos a 51 cm entre hileras y 18 cm entre plantas, podría alcanzarse una densidad de 109.000 pl/ha y de esa manera, “una mayor intercepción de luz, la gran premisa de la agricultura”. Sin embargo, “a medida que aumenta la población de plantas, el tamaño de la raíz se vuelve más pequeño y eso implica que hay que mejorar la fertilización de ese cultivo para lograr una nutrición adecuada y altos rindes de maíz”, explicó Below. Con ese objetivo, será necesario que dosis, momento, fuente y ubicación del nutriente, sean correctos.

“Mi idea de un gran fertilizante sería que tenga mis cuatro elementos favoritos: nitrógeno, fósforo, azufre y zinc, juntos en el mismo gránulo, como MicroEssentials”, dijo el fisiólogo. En cuanto a la ubicación, debido a que el maíz expande sus raíces solo entre 15 cm y 20 cm, consideró fundamental aplicar los nutrientes cerca de ellas. Por caso, algunas de las prácticas para mejorar la localización de fertilizantes que utiliza Below son: producto líquido a la siembra a 5 cm del surco y a 5 cm de profundidad; colocación en período de crecimiento junto a la hilera en gota en Y; y aplicación en bandas antes de la siembra, directamente debajo de la hilera de futuros cultivos a 10-15 cm de profundidad.

En estudios realizados durante seis años en 16 sitios, en los que comparó un esquema de manejo estándar con uno mejorado, aumentando la densidad (mayor número de plantas y menor distancia entre hileras), ajustando la fertilidad (cantidad y localización) y aplicando fungicida con estrobirulinas, Below logró un aumento de rendimiento promedio de 3,2 tn/ha. Asimismo, demostró que la suma de la acción de esos “factores maravilla” en conjunto produce un resultado mayor que cada uno de ellos individualmente. “No es tanto lo que hago sino lo que no hago lo que más impacta sobre el rinde: omitir alguno de estos factores tiene un gran impacto negativo sobre el rendimiento”, destacó el especialista.

clarin.com

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