Las lecciones de la pandemia de Covid-19 deben ser aprovechadas para aumentar la resiliencia de los actores de los sistemas agroalimentarios, promover la expansión y flexibilidad de las políticas de protección social y mejorar el acceso a la infraestructura y los mercados, mostró un informe del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, por sus iniciales en inglés) sobre la política alimentaria mundial desde la perspectiva de América Latina y el Caribe.

El documento fue presentado durante un evento virtual en el que participaron el jefe del Programa de América Latina y el Caribe del IFPRI, Eugenio Díaz Bonilla, y la Coordinadora Senior de Investigación, Valeria Piñeiro, y que tuvo como panelistas al Secretario de Agricultura y Desarrollo Rural de México, Víctor Villalobos; el vicepresidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, Alejandro Vélez; la Asesora Principal de la Vicepresidencia de Sectores y Conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ana María Ibáñez; y el Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Manuel Otero.

El IFPRI es un centro internacional de investigación agrícola con sede en Washington, DC, que se especializa en políticas alimentarias, promueve la adopción de innovaciones en tecnología agrícola y el bienestar rural y busca soluciones sostenibles al hambre y la pobreza.

“Se trata de un informe que el IFPRI produce anualmente, que en esta ocasión hemos enfocado en el efecto de la pandemia y las respuestas de los gobiernos. El Covid-19 ha tenido un impacto mayor en América Latina y el Caribe que en el resto del mundo, tanto en el aspecto sanitario como en la economía. Una de las lecciones aprendidas tiene que ver con la importancia de la relación entre salud, sistemas alimentarios y objetivos económicos”, dijo Valeria Piñeiro.

La investigadora sostuvo que, ya antes de la pandemia, los sistemas agroalimentarios globales enfrentaban serios desafíos para garantizar el acceso a alimentos saludables y nutritivos para toda la población.

“Sin embargo –afirmó- podemos resaltar dos hechos: que la pandemia ha expuesto todavía más las debilidades y desigualdades de los sistemas alimentarios y que algunos sistemas han sido más resilientes que otros, dependiendo su estructura y gobernanza”.

Díaz Bonilla puso de manifiesto que la región venía con problemas desde hace varias décadas y que históricamente se ha visto afectada por los ciclos económicos de las materias primas. “Es lógico –consideró- que América Latina haya sido afectada más que otras partes del mundo por la pandemia, ya que tiene altos niveles de urbanización, lo que genera contactos más directos entre la población, y elevados niveles de informalidad laboral, lo que obliga a  mucha gente a seguir trabajando a pesar de las restricciones”.

Díaz Bonilla exhortó a los países a trabajar en conjunto en la transformación de los sectores agroalimentarios y advirtió que los resultados de esa transformación tendrán implicancias globales, por la importancia de la región como proveedor global de alimentos y de servicios ambientales. “Latinoamérica no es una entidad ficticia. Tenemos que trabajar como región”, dijo.

Para Villalobos, la crisis del Covid-19 ha tenido efectos sin precedentes y el alcance de sus repercusiones aún está por verse. “Gracias a los agricultores y campesinos se ha garantizado la alimentación. Son los héroes y heroínas de esta pandemia”, dijo el secretario de Agricultura mexicano.

Afirmó que se debe trabajar para producir más alimentos saludables y nutritivos sin ampliar la frontera agrícola y a través de un uso racional de los recursos naturales, especialmente del agua y la tierra. “Hay una necesidad apremiante de aumentar la productividad agropecuaria por unidad de superficie”, enfatizó.

Manuel Otero, por su lado, hizo hincapié en que el retroceso en las economías de América Latina y el Caribe es equivalente a una década pérdida y ha impactado de lleno en todos los indicadores de pobreza, desempleo y seguridad alimentaria.

“En ese contexto de profunda crisis y recesión –explicó-, la agricultura sirvió como colchón y motor de crecimiento; en comparación con 2019, las exportaciones agroalimentarias de América Latina y el Caribe se incrementaron en 2020 un 2,7% -mientras las exportaciones totales cayeron más de 9%- y se generó una oferta de alimentos con capacidad para alimentar a los 1.000 millones de habitantes de las Américas”.

El Director General del IICA manifestó que los países de las Américas adhieren plenamente a la convocatoria del secretario general de las Naciones Unidas a la Cumbre sobre Sistemas Alimentarios 2021, en la búsqueda de modelos más sostenibles, pero advirtió que la voz de la agricultura y de los agricultores del Hemisferio tendrá que ser escuchada en el encuentro global.

“La visión que plantean algunos sectores y que no compartimos es la de sistemas fallidos en donde prácticamente habría que empezar de cero. Lo que nosotros percibimos desde las Américas, en cambio, es que hay un profundo proceso de transición en los sistemas agroalimentarios en el Hemisferio, en la búsqueda de la sostenibilidad ambiental, social y económica”.

Otero sostuvo que, en los últimos 30 años, los sistemas agroalimentarios de la región lograron aumentar considerablemente los niveles de productividad de la agricultura y han conseguido que hoy esta actividad sirva de motor para el crecimiento económico, la generación de empleo y, sobre todo, de divisas. “Remarco la importancia del comercio, tema que por ahora está débilmente tratado en el camino hacia la Cumbre”, agregó.

Ana María Ibáñez se refirió a la importancia de aumentar la resiliencia de la región para las situaciones de shock. “Se debe trabajar en la anticipación, prevención y absorción tanto de futuras pandemias como de otros escenarios de alto impacto, por ejemplo por el cambio climático”, advirtió.

La economista del BID señaló que el cambio climático puede intensificar las migraciones, a medida que se deteriora el medio ambiente y aumenta la pobreza, y exhortó a trabajar para “aumentar la resiliencia de los productores, de manera de garantizar ingresos estables a través de la adopción de tecnologías que aumenten la productividad y de acceso a mercados”.

A su turno, Vélez, consideró que los efectos más dramáticos de la pandemia en América Latina y el Caribe van a verse el año próximo, debido a la caída del ingreso de las poblaciones. “Hasta ahora –dijo-, el impacto de la pandemia sobre la producción de alimentos en la región no existió o hasta ha sido positivo. Esto fue así por las circunstancias y las condiciones, ya que se priorizó el abastecimiento alimentario en medio de las restricciones de circulación.

Pero el riesgo es la caída de la demanda de alimentos y el aumento de los precios si la situación continúa. En Colombia, hemos visto una disminución del 12,5% de la demanda de arroz. Hay una desaceleración de la demanda de alimentos y es necesario pensar cómo se va a sostener el consumo”.

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