Más allá de brindar ventajas como altas tasas de engorde y rentabilidad, los sistemas de producción de vacas a corral, o feedlots, poseen una oscura contracara ambiental. Debido a los numerosos animales estabulados, muchos establecimientos de la Pampa Húmeda generan volúmenes enormes de efluentes que, sin tratamiento, pueden contaminar napas, ríos, lagunas y arroyos. ¿Por qué, entonces, en nuestros campos ganaderos casi no se han implementado sistemas de tratamiento de efluentes (STE)? Las causas incluyen factores técnicos, climáticos, legales y económicos, entre otros. En busca de soluciones, un estudio de las facultades de Agronomía y Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (FAUBA y FCEyN, respectivamente) avanzó en el desarrollo de un STE eficiente, portátil y económico.

“El feedlot es un sistema intensivo de engorde en el que se produce ‘carne’ confinando al ganado en espacios reducidos. La rápida ganancia de peso se logra con dietas muy digeribles y energéticas en base a granos. Por eso, en el suelo de los corrales se acumulan cantidades inmensas de estiércol. A veces, las pilas alcanzan hasta 2 metros de altura. En algunos establecimientos se elimina el estiércol con maquinarias, pero como eso es costoso, en los feedlots grandes, la limpieza se realiza una vez al año. Por lo tanto, a las pilas de residuos las nivelan las escorrentías que generan las lluvias”, dijo Santiago Fleite, docente de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA.

“¿Cuál es el daño ambiental que generan los feedlots?”, se preguntó Santiago. “El problema es que cuando llueve, gran parte del estiércol se mezcla con el agua y forma un efluente cargado de materia orgánica, fósforo, nitrógeno, hormonas, antibióticos y microorganismos. Al escurrir superficialmente, alcanza cuerpos de agua como lagunas, ríos, o aguas subterráneas y los contamina. En la Pampa Húmeda, con casi 1.000 mm/año de precipitación, una lluvia de 90 mm en un feedlot de tamaño mediano-grande —5 ha de corrales— puede generar hasta 5.000 m3 de efluente. Es el equivalente a una pileta olímpica de natación”.

Atendiendo a esa problemática, Fleite llevó adelante sus estudios de doctorado bajo la dirección conjunta de Ana García, docente de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA, y de Miryan Cassanello, docente del Departamento de Industrias de la FCEyN e investigadora del CONICET. “Mi objetivo fue desarrollar un sistema de tratamiento de efluentes que elimine la mayor parte de los contaminantes, que contemple las restricciones de la ruralidad y que sea fácil de implementar y manejar a campo”.

Una vez diseñado este STE, Fleite lo puso a prueba en un feedlot de la provincia de Buenos Aires y obtuvo resultados alentadores. “Comprobé que el sistema es capaz de remover del efluente hasta el 98% de la materia orgánica, el 95% del fósforo y el 70% del nitrógeno orgánico. En términos generales, con esos valores cumplimos lo que exige la Autoridad del Agua de la Provincia de Buenos Aires”. Estos resultados están publicados en la revista científica Heliyon.

“También obtuvimos otros hallazgos destacables. Por un lado, nuestras simulaciones en computadora indican que en tan sólo una semana, el efluente tratado estaría apto para ser volcado en el suelo, en una alcantarilla o, en el peor de los casos, en un cuerpo de agua. Además, el sedimentador —el ‘corazón’ del sistema— funciona perfectamente con un generador eléctrico portátil, ideal para las condiciones rurales. Por último, verificamos que su diseño permitiría montarlo en un container y trasladarlo fuera del establecimiento”.

Santiago Fleite señaló que el STE consta de tres partes. “La primera fase del procesamiento transcurre en una laguna de contención primaria, que recibe el efluente cuando sale del corral. Este efluente es, principalmente, una mezcla de agua y material grueso. Después de un tiempo en la laguna, casi todo el material en suspensión decanta y lo que queda arriba pasa a la siguiente etapa del tratamiento”.

El investigador explicó que el siguiente paso consiste en un tratamiento físico-químico de floculación-coagulación para seguir separando el material sólido del líquido. Desde la laguna de contención, el efluente se bombea a un mezclador estático donde se le agregan compuestos coagulantes y estabilizantes, se lo mezcla y se lo envía al sedimentador, donde se realiza la separación eficientemente en poco espacio. Terminada esta etapa, el efluente pasa a la última parte del tratamiento. Las características de este tratamiento están publicadas en la revista Desalination and Water Treatment.

“La última fase transcurre en una laguna de maduración, donde el efluente permanece un tiempo hasta que flocula lo que falta flocular o se completan las reacciones biológicas en curso, lo cual es un requisito legal. Terminada la maduración, el líquido resultante está en condiciones de ser usado, por ejemplo, para fertirriego”, resaltó Fleite.

Fuente: Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires

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