Las importaciones de maíz de México crecieron en más de 300 por ciento en este siglo, ya que en el año 2000 eran de unos 5 millones de toneladas y en 2019 fueron de alrededor de 18 millones, sostuvo Alejandro Espinosa, titular de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem). Además, estas compras son principalmente de maíz transgénico resistente a glifosato, apuntó.

Agregó que este aumento en las importaciones de maíz por parte de México fue a la par de la intención de liberar en el territorio nacional los transgénicos y el uso de glifosato. Las políticas neoliberales tuvieron impacto en el maíz nativo, con el fin de favorecer los intereses de las empresas biotecnológicas trasnacionales por encima de los intereses y necesidades de los pueblos y comunidades indígenas.

Durante el Encuentro de Agroecología y Economía Campesina que se realizó con el apoyo del Colegio de Posgraduados, recordó que se otorgaron permisos para la siembra de diversos cultivos genéticamente modificados, incluidos el maíz, pero se suspendió en 2013 por la demanda de acción colectiva que, de nos ser por ésta, el país estaría inundado de maíz transgénico.

Recordó que en 2021 se cumplieron 20 años de que el investigador Ignacio Chapela descubrió la contaminación de maíz transgénico en la sierra Juárez de Oaxaca y a partir de esta alerta se detectaron otras contaminaciones. En 2003 se encontraron cultivos nativos con presencia de transgenes en comunidades de Chihuahua, Morelos, Durango, estado de México, San Luis Potosí, Tlaxcala y Veracruz. También en 2005 se volvió a confirmar la contaminación en la misma región de Oaxaca y en 2007 en 42 parcelas del entonces Distrito Federal.

Espinosa consideró que la preservación de la diversidad genética sólo se puede dar con los pueblos originarios y sus saberes tradicionales. Refirió que la agroecología es respetuosa, favorece un manejo adecuado del suelo, agua, bosques y vegetales, “es una forma de dignificar la agricultura de los pueblos. Señaló que pesar de la revolución ‘verde’, los campesinos mantienen diversidad genética de variedades locales”.

En relación con el decreto presidencial de diciembre pasado, el cual plantea la eliminación gradual del glifosato, sostuvo que éste privilegia la biodiversidad y la riqueza biocultural. Además de que por encima de todo favorece la salud de los mexicanos, ya que limita la contaminación del agua, el suelo y el medio ambiente.

fuente: La Jornada

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