El cierre de las exportaciones de carne vacuna, anunciado por el presidente Alberto Fernández, es una medida que no logró alcanzar ninguno de los objetivos iniciales planteados por el Gobierno nacional.

La carne en los mostradores no bajó, más allá de algún caso muy puntual, mientras que la hacienda destinada al consumo tuvo algún recorte, luego de la suba abrupta tras el cese de comercialización que lanzó la Mesa de Enlace a finales de mayo, cuando se conoció el cepo a la carne.

El Gobierno se equivocó, porque no solo no bajó la carne en los mostradores, sino que se incrementó el valor de la hacienda.

La única excepción en este contexto es la reducción en el precio de todas las categorías de vaca, una categoría que como explicado hasta el hartazgo, no se consume en el mercado interno.

Según estadísticas oficiales, en el último año el rodeo bovino a nivel nacional cayó en un millón de cabezas.

El otro punto, que no es menor, es que estos volantazos de la Casa Rosada para bajar el precio de la carne generan un fuerte desaliento en los ganaderos, situación que desalienta la producción y cuyos efectos empezaremos a percibir en los próximos meses.

El semáforo en rojo empieza a asomar en la actividad: según estadísticas oficiales, en el último año el rodeo bovino a nivel nacional cayó en un millón de cabezas.

Los renglones que sufrieron las mayores pérdidas fueron terneros y terneras, con pérdidas cercanas a las 700.000 cabezas.

Las restricciones a las ventas externas de carne no dio los resultados esperados, y en este sentido remarcamos que prevalece más el daño causado al sector que los beneficios.

En el caso de la industria frigorífica, este desacierto pegó de lleno bajo su línea de flotación: es cada vez mayor el escenario de plantas con personal suspendido, reducciones de horarios de trabajo y sobre todo, clientes desatendidos en el exterior, situación a la que nuestros competidores más directos le sacan el máximo  provecho.

El gobierno debe dar marcha atrás con esta decisión, no necesitaremos un Plan Ganadero para abastecer el mercado interno y cumplir con los compromisos externos.

En esta instancia, queremos que se abra el juego para todo el sector, que los comerciantes puedan participar en el negocio en igualdad de condiciones y sobre todo, evitar la concentración. Además de perjudicar al productor, una medida de estas características es negativa para el consumidor(Noticias AgroPecuarias).

*Leonardo Rafael es presidente de la CAMYA

Fuente: NAP

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