Home Nacional Vefci, el robot campesino

Vefci, el robot campesino

61
0
SHARE

Hace tiempo que Vefci está dormido. Después de haber llevado a sus creadores a triunfar en concursos locales, regionales y a figurar en un encuentro nacional, este robot, creado para trabajar en el campo, entró en un sueño profundo, mientras sus artífices miraban hacia nuevas direcciones.

“No le dimos continuidad al proyecto, y esa fue una desventaja, pues empezamos con nuestras residencias y ya no nos veíamos”, reconoce Santiago Rendón, estudiante de 21 años en el Instituto Tecnológico de Cuautla (ITC) y uno de los cuatro jóvenes que participaron en la creación de Vefci.

Desiderio González y el nacimiento de Vefci
Además de dar clases en el ITC, Desiderio González tenía varias parcelas en el campo. Antes de que un infarto le arrebatara la vida, fue él quien planteó a los estudiantes la idea de crear un robot que facilitara a los campesinos el arduo trabajo de fertilización en sus cultivos.

Con su ayuda, durante todo un año, Santiago Rendón, Blanca Haidée Onofre, Ana Luisa Islas y Brian Mendoza desarrollaron el “Vehículo Fumigador Semiautomático para Cultivos en Invernaderos”, un robot operado a través de una aplicación para celulares, capaz de automatizar la fumigación en los sembradíos, permitir al trabajador dedicar su tiempo a otras actividades y reducir el daño a la salud causado por los plaguicidas.

El proyecto, presentado en el Evento Nacional Estudiantil de Innovación Tecnológica 2016, realizado en Pachuca, tuvo tal acogida por el Tecnológico Nacional de México que el propio titular de la Secretaría de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, reconoció públicamente el trabajo de los cuatro jóvenes a través de sus redes sociales.

Elegidos por la aceleradora de empresas High Tech XL como uno de los 26 mejores productos para ser presentadas en Holanda, por ser un proyecto de beneficio social que buscaba solucionar una problemática del primer mundo (la agricultura), el camino de éxito de Vefci se detuvo a fines de 2016, al no haber alcanzado el primer lugar.

“Fue un concurso muy reñido, había productos muy buenos y sólo iban a seleccionar a uno”, recuerda Ana Luisa.

La tragedia y la unión
Tras aquella última participación, los motores de Vefci se apagaron. Con nuevos compromisos rumbo a la conclusión de sus estudios, los jóvenes tomaron caminos distintos y empezaron a pensar en otras cosas.

“Queremos terminar las residencias, cada uno de nosotros tiene como meta principal el titularse, graduarse y continuar con sus propios proyectos e investigaciones”, explica la joven, de pie junto a sus tres antiguos compañeros de equipo.

Hacía tiempo que no volvían a reunirse. Después de haberse conocido para crear a Vefci y trabajar durante 12 meses hombro a hombro, su relación se redujo a las palabras que eventualmente llegaban a intercambiar cada vez que se cruzaban en la escuela. Sin embargo, los hechos recientes parecen avivar la llama que mantuvo unido al equipo mientras creaban su robot campesino.

Tras el fallecimiento de su primer asesor, Santiago, Blanca, Ana y Brian han vuelto a reunirse para seguir perfeccionando a Vefci:
“Perder a nuestro asesor fue doloroso, pero es lo que nos motiva como miembros del equipo a continuar con el proyecto… y que no sea algo que agobie a la familia, por consuelo o pena, sino que honre la memoria de un profesor que motivó a los alumnos, tanto de este semestre como de los previos, a no darse por vencidos y ser los mejores”, afirma Ana.

El renacer de un robot
Con la ayuda de la profesora Paulina Morales, la nueva asesora del equipo, los cuatro jóvenes buscan lograr que Vefci sea un producto terminado y comercializable, que facilite el trabajo de los agricultores de todas partes.

“Buscamos productores de jitomate, chile y todo lo que se siembra dentro de los invernaderos, quienes mostraron la intención de comprar el producto, pero seguimos en la fase de prototipo, así que vamos en busca de mejoras para entregar el proyecto completo”, anuncia Brian.

Los motores de Vefci serán encendidos de nuevo. Para los jóvenes, se trata de un miembro más del equipo, por quien todavía sienten un gran cariño.

“Tiene sentimientos, porque cada uno de nosotros le invirtió tiempo, lágrimas, estrés, felicidad… y eso es lo que lo alimenta”, concluye Ana Luisa.

Comments

Comentarios

LEAVE A REPLY