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Un brote de carbunclo mostró la ineficacia de un plan sanitario y sembró dudas sobre el rol del Senasa

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Argentina.- “El carbunclo bacteriano, carbunclo o ántrax es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa, que afecta preferentemente a los rumiantes y es transmisible a otros animales y a las personas”.

Así comienza el comunicado emitido el 11 de marzo pasado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). De entrada define al carbunclo como lo que es: una “enfermedad infecciosa altamente contagiosa” y peligrosa para otros animales y el ser humano.

Repetimos la fecha: 11 de marzo. La publicación del comunicado oficial, que contenía una serie de recomendaciones para actuar frente a esta zoonosis, se produjo a raíz de “la aparición de casos recientes de carbunclo bacteriano en el partido de Carlos Casares”. Es dcir, el Senasa admitía públicamente esos casos pero no brindaba ningún detalle sobre esos los mismos. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? Nada.

En Carlos Casares hay muchos establecimientos ganaderos y muchos tambos que, ante la aparición de casos de carbunclo, deberían haber sido notificados de inmediato, para tomar las prevenciones del caso. Pero este comunicado carente de detalles fue el primer aviso oficial que recibieron.

Fue muy grave lo que sucedió en ese partido bonaerense. Varios veterinarios y trabajadores rurales de la zona estuvieron trabajando con vacunos esos días, e incluso realizaron necropsias, sin tener la menor idea de que había carbunclo merodeando. Nadie les avisó. Senasa no avisó y el productor que padeció el primer episodio tampoco.

Repetimos: hubo gente que los primeros días de marzo acercó la cara y la nariz a pocos centímetros de los órganos de un bovino muerto sin saber que había un brote de ántrax en la zona. Nadie había avisado nada.

Por suerte no pasó. Pero esa gente bien podría estar muerta ahora, porque como bien explica el tardío comunicado de Senasa, “cuando la bacteria entra en contacto con el oxígeno forma una espora que es resistente en condiciones climáticas severas. Luego, las esporas ingresan al organismo de los animales o de las personas donde liberan toxinas que pueden llegar a causar la muerte”.

Fue Dios -y no el Senasa- quien evitó una tragedia en Carlos Casares, donde hubo gente expuesta directamente al carbunclo sin saberlo. Los antibióticos completaron el milagro: varias personas los tuvieron que tomar durante toda una semana como medida de prevención.

Vamos a los hechos. El 1 de marzo era viernes de carnaval. Horas antes, en un establecimiento llamado “El Billar”, los bovinos habían comenzado a caer como moscas, fulminados. Fueron veinte o treinta al principio y luego ese número crecería hasta 45 ejemplares, la mayoría de muy corta edad.

Nadie sospechaba del carbunclo, pues los animales habían sido vacunados como ordena una ley provincial. Por eso, un par de reconocidos veterinarios del partido fue convocado al lugar para hacer una rápida necropsia y buscar las razones de tan virulenta mortandad. “El Billar” es un campo relativamente chico, de unas 500 cabezas. Había que actuar rápido porque la pérdida llegaba a casi 10% del rodeo.

“Yo andaba buscando mancha o alguna otra enfermedad, pero empecé a ver un cuadro distinto. Me encontré con un cuadro totalmente hemorrágico. Ahí nomás disparamos hacia el laboratorio”, contó uno de los profesionales que intervino en el caso. El resultado del análisis estuvo listo a las pocas horas, el sábado 2 de marzo. Desde el laboratorio ubicado en 9 de Julio confirmaron que era carbunclo. Por eso, de inmediato se mandó revacunar todos los animales del predio afectado.

¿De dónde había llegado la enfermedad? ¿Por qué nadie había avisado nada? El mismo laboratorio tenía la clave: unos días antes había hecho otro análisis que confirmó la presencia de ántrax en un enorme tambo llamado “El Broquel”, ubicado a unos pocos kilómetros de distancia. La estancia pertenece a Héctor Biolcati, el hermano del ex presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Luis Biolcati, quien maneja otro establecimiento de ese partido llamado La Dorita.

La información contenida en el sistema de alertas sanitarios de Senasa, al que pudo acceder Bichos de Campo, establece con claridad que la posible presencia carbunclo en El Broquel se conocía desde el 19 de febrero de 2019. Es decir, por lo menos diez días antes del segundo caso en el campo vecino. El predio de Biolcati tiene un stock de unos 8.000 bovinos y se determinó que había un lote de 677 animales sin vacunar contra esa zoonosis. Pero la versión oficial es que en este caso solo murieron 7 vacas.

En Casares muy pocos creen toda esta información y más bien sospechan que se trató de ocultar el caso y una mortandad mucho mayor. Las preguntas abundan y no han sido bien aclaradas: ¿Cómo puede ser que el ántrax que liquidó a 45 bovinos en un campo de 500 cabezas solo haya matado a 7 en un establecimiento de 8.000 cabezas? Algo no cierra.

En el Senasa rechazaron esas sospechas. Ratificaron a Bichos de Campo que “el 20 de febrero de 2019 el Senasa recibió el positivo del laboratorio del campo de Biolcati” y que a partir de ese aviso “se constataron 7 vacas muertas”.

Senasa también informó que “el segundo positivo en otro campo lo recibió el 6 de marzo de 2019. En ambos casos intervino dentro de las 24 horas como marca el protocolo para estos casos. En el segundo campo se registraron unos 45 animales muertos, con un alto número de terneras, que no es lo habitual”.

Pero nadie pudo explicar por qué pasaron diez días y el episodio no fue comunicado a los campos vecinos, para que estuvieran alerta y no expusieran a la gente ante los animales muertos. El comunicado del Senasa advirtiendo sobre los peligros de la enfermedad fue emitido recién 20 días después del primer episodio.

Con la cola entre las piernas, el responsable del Senasa de 9 de Julio, Marcelo De Olavarrieta, anda ahora pidiendo disculpas a todo el mundo en Carlos Casares. Pide disculpas como si tratara de un descuido nomás y no de un acto de negligencia lo que había sucedido. Pero lo que sucedió fue grave: frente a una enfermedad tan peligrosa, hubo un sistema de alertas que no funcionó ni siquiera para poner en alerta a los veterinarios locales y a los productores cercanos.

El episodio dejó a la vista otra evidencia: No todos los ganaderos vacunan a sus rodeos contra el carbunclo, a pesar de que la Provincia de Buenos Aires dispuso hace rato que esa vacuna es obligatoria. El costo no puede ser excusa, pues una dosis cuesta apenas 5 pesos. Casi nada frente a los precios actuales de la ganadería.

El doctor Ramón Noseda es un reconocido investigador sobre el carbunclo rural (Bacillus anthracis) y año tras año fue contabilizando los focos sucedidos en la provincia de Buenos Aires. Su trabajo constante mostraba que los ganaderos no se tomaron nunca en serio esta amenaza. Y eso que tiempo tuvieron: el veterinario contó que la enfermedad llegó a nuestro país en 1580 con bovinos traídos por los españoles desde Paraguay.

Noseda también relata que en 1887 la Argentina vacunó por primera vez a sus bovinos. Pero, siempre a media máquina, “desde ese entonces y hasta la actualidad la bacteria se ha desarrollado provocando una importante cantidad de muertes súbitas en los diferentes establecimientos”.

Repetimos: la vacunación es obligatoria en Buenos Aires y ante la mínima sospecha se debe poner en aviso a las autoridades sanitarias.

Es lo que afirma la tardía gacetilla del Senasa. “La detección temprana y la notificación inmediata de casos de carbunclo son fundamentales para la implementación de medidas de prevención, control y vigilancia por parte de los organismos competentes”.

En Casares nada de eso pasó y claramente ganó la incompetencia. Esperemos que haya sido solo eso.

Fuente: Bichos de Campo