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Plaguicidas amenazan mantos freáticos de Yucatán, alertan

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El problema de Yucatán no es la escasez o desabasto de agua, sino la contaminación de mantos freáticos con sustancias cancerígenas o que pueden causar daños al sistema nervioso, advirtieron especialistas.

Más de 90 por ciento del agua destinada a consumo humano en la península es subterránea, y para protegerla es necesario crear reservas hidrogeológicas, como se propuso en una investigación publicada en la revista Ciencia y Desarrollo en 2014. Dichas reservas siguen pendientes.

Investigaciones recientes refieren que a 40 metros de profundidad se han detectado en los mantos freáticos concentraciones de contaminantes que podrían superar hasta en 800 veces los límites establecidos en normas europeas o estadunidenses.

Alfonso Lorenzo Flores, investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), advirtió que estos químicos se filtran al agua de consumo, pues hay pozos que sólo se desinfectan y se conectan a líneas de abastecimiento; además, los plaguicidas generan problemas de salud importantes.

“El nivel máximo permisible en la norma europea para un plaguicida es de 0.1 microgramos por litro, y aquí la mayoría de las concentraciones son de 0.5 microgramos, muy por arriba incluso del límite estipulado por la norma mexicana.

Esto representa un riesgo, pues hay muchos yucatecos que tienen pozos de traspatio y utilizan esa agua contaminada para el riego de cultivos, señaló.

Lorenzo Flores mencionó que, junto con otros compañeros, midió durante un año las concentraciones de contaminantes en las temporadas de sequía, lluvias y nortes, y encontraron que el uso de agroquímicos supuestamente poco persistentes y no bioacumulables no es tan benéfico porque se filtran a los acuíferos.

En los alrededores de Mérida, la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (Japay) extrae el líquido a 42 metros de profundidad. Durante la temporada de lluvias se disparan las concentraciones de plaguicidas como diazinón, paratión metílico, dimetoato y sulfotep, tanto en agua dulce como salada.

El paratión es un potente insecticida y acaricida organofosforado prohibido en todas sus formulaciones y usos por ser dañino para la salud humana, animal y al medio ambiente.

El diazinón es el nombre común de un insecticida organofosforado utilizado para controlar insectos en el suelo, en plantas ornamentales y frutales.

El dimetoato es un insecticida con acción de contacto e ingestión, muy eficaz para el control de insectos masticadores, minadores y chupadores de frutales, y el sulfotep es utilizado para el control de ácaros y homópteros en hortalizas y ornamentales; su toxicidad es crónica y de largo plazo. Puede ser tóxico incluso por inhalación.

Sergio Grosjean, experto en cenotes, mencionó que se ha medido la concentración de plaguicidas en el agua de Mérida y la zona costera. Los resultados deben ser pauta para que las autoridades intervengan, porque los contaminantes se pueden detectar en la superficie, pero a mayor profundidad las sustancias nocivas que se derramaron hace mucho tiempo se alojaron a unos 30 o 40 metros de profundidad y tarde o temprano llegan al acuífero, advirtió.

En mayo de 2017, Greenpeace reveló que en Yucatán se siguen usando plaguicidas prohibidos en otros países, además de sustancias no autorizadas para su uso en México. Esos compuestos están relacionados con enfermedades endócrinas, disrupciones hormonales, malformaciones y cáncer, además de que contaminan el agua y la tierra donde se cultivan alimentos.

La organización dio a conocer el estudio La huella de los plaguicidas en México, una investigación realizada con especialistas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto de Ecología, Pesquerías y Oceanografía de la Universidad Autónoma de Campeche, quienes analizaron el impacto de los plaguicidas en el campo y el rastro que dejan al ser arrastrados al mar.

El secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente estatal, Eduardo Batllori Sampedro, mencionó que estudios de la Uady y del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav) demostraron que en la sangre de mujeres con cáncer en el sur de la entidad se encontraron plaguicidas, así como en la leche de embarazadas.

Nuestros acuíferos son muy vulnerables por el tipo de terreno: todo lo que está en la superficie se filtra con las primeras lluvias. El problema se complica por el mal uso de los pesticidas, destacó.

fuente: La Jornada

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