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En México peligran los ambientalistas: Carabias

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De su postulación a la Medalla Belisario Domínguez, señaló que “estoy enormemente sorprendida, pero todavía tiene que pasar al pleno del Senado, por lo tanto, me reservo todo tipo de comentario hasta que el Senado de la República tome la decisión definitiva, ahorita soy candidata. Pero me sorprendió enormemente”

“No tengo ninguna afiliación política, trabajo por mi país tratando de construir un proceso sustentable que mejore las condiciones de vida de la gente, que conserve los recursos naturales y que consolide la democracia”, comenta la investigadora Julia Carabias Lillo (Ciudad de México, 1954) a quien le causó sorpresa ser candidata a recibir la medalla Belisario Domínguez.

En entrevistas durante su participación en el Hay Festival 2017 y en la 31 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la bióloga mexicana platica sobre el trabajo que realiza para evitar la extinción de la guacamaya roja en la Selva Lacandona, Chiapas, afirma que los ambientalistas están permanentemente en peligro y opina que la Ley General de Biodiversidad no debe aprobarse en fast track.

— ¿Cómo recibe la noticia de merecer la Medalla Belisario Domínguez?

—  Estoy enormemente sorprendida, pero todavía tiene que pasar al pleno del Senado, por lo tanto, me reservo todo tipo de comentario hasta que el Senado de la República tome la decisión definitiva, ahorita soy candidata. Pero me sorprendió enormemente.

Julia Carabias es investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue presidenta del Instituto Nacional de Ecología y titular de la Secretaría del Medio Ambiente, además fundó Natura y Ecosistemas Mexicanos A.C., asociación dedicada a la restauración de los ecosistemas en la Selva Lacandona.

— ¿Ser ambientalistas es una profesión riesgosa en México?

— Somos vulnerables quienes estamos trabajando en el campo, en estas regiones aisladas y marginadas. Nosotros estamos tratando de poner orden al uso de los recursos naturales, eso enfrenta a muchos intereses económicos y políticos. Esa gente reacciona. Los que trabajamos en estos temas de manejo de recursos naturales y sustentabilidad ambiental, estamos permanentemente en riesgo. Ya han ocurrido en nuestro grupo de trabajo algunos episodios muy desafortunados.

— ¿Cómo toma las críticas sobre su acercamiento a la política?

— Creo es parte de las mismas amenazas a las que me refería. Cuando la gente conoce nuestro trabajo, lo respeta. Hay a quien sí le afecta y arremete con todas las mentiras y calumnias que pueden. No tengo ninguna afiliación política, trabajo por mi país tratando de construir un proceso sustentable que mejore las condiciones de vida de la gente, que conserve los recursos naturales y que consolide la democracia.

A Carabias Lillo le preocupan muchos temas, entre ellos la aprobación de la Ley General de Biodiversidad que actualmente está en espera de ser votada en el Senado.

“La preocupación que tenemos es que no debilite a la actual que es la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. La propuesta original tenía muchas fallas, ahora no se conoce el nuevo proyecto que está impulsando el Senado. Lo inaceptable es que de repente sorprenda y sea aprobada en fast track, que no se pueda debatir porque al final de cuentas se está legislando sobre los recursos naturales de todos los mexicanos”, comenta.

Otro tema que la investigadora ha estudiado son los efectos del cambio climático y recientemente publicó un libro en conjunto con el Premio Nobel de Química, Mario Molina, y con el director de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), José Sarukhán. Ahí plantean la necesidad de acciones internacionales coordinadas y que en la agenda nacional, la conservación de biodiversidad, esté incluida.

“Tiene que ser una prioridad en la agenda nacional, el Jefe de Estado tiene que tenerlo como una de sus prioridades y eso implica que las distintas instituciones la incorporen e implementen proyectos. La biodiversidad es un tema transversal y eso precisamente es lo que nos da la riqueza a México, si la deterioramos y destruimos, el país empobrecerá. Esto requiere políticas transversales”, indica.

EN LA SELVA. Desde hace 12 años, Julia Carabias Lillo trabaja en la preservación de la Selva Lacandona y uno de sus múltiples proyectos en esa zona, es evitar la extinción de la guacamaya roja (Ara macao).

“La especie mexicana es el Ara macao cyanoptera, está muy amenazada, solamente está habitando en la Cuenca del Río Lacantun y una población pequeña en el Uxpanapa. En el Río Lacantún el problema es que la deforestación ha disminuido su hábitat y la guacamaya es muy sensible al lugar en donde puede anidar porque necesita de árboles muy viejos. Además está el gran problema del tráfico ilegal, el saqueo permanente de la guacamaya”, explica.

El equipo de Natura y Ecosistemas Mexicanos desarrolla un programa que incluye protección de los nidos, conservación del hábitat, rescate de las guacamayas bebés y reintegración de guacamayas a la vida silvestre. “No obstante, es más fuerte el saqueo que los esfuerzos que logramos. Por tanto, es importante que haya programas muy fuertes de vigilancia en la región”.

— ¿Cuántas guacamayas tienen contabilizadas?

— Tenemos una aproximación: 400 individuos de guacamayas. Eso las pone en una población de mucho riesgo.

En diversas ocasiones Julia Carabias ha escrito sobre la pérdida de ecosistemas naturales en la Selva Lacandona, ¿cuál es la cifra de esa disminución?, se le pregunta.

“La región de la Selva Lacandona no disminuye, es una región geopolítica que está definida con muchos municipios y comunidades. Esa región ocupa un millón 800 mil hectáreas. Lo que nosotros mencionamos es que esa superficie originalmente estaba ocupada por ecosistemas naturales: selva tropical húmeda y una parte de bosques de montaña y bosques templados. Lo que ha pasado es que a partir, sobre todo, de los años 60 del siglo pasado, ha habido procesos muy desordenados de colonización”, señala.

La consecuencia de ese desorden es la destrucción de los ecosistemas naturales, generando pérdida de biodiversidad, disminución de la disponibilidad de agua dulce y problemas de pobreza.

“A pesar de que se siguen ocupando territorios para llevar a cabo distintos sistemas productivos, estos son muy ineficientes —como la ganadería o el cultivo de maíz— que no están permitiendo que la gente pueda tener su bienestar social y reproducen la pobreza. Queda una tercera parte de la cobertura vegetal original en la Selva Lacandona, el resto se ha transformado en cultivos agrícolas, ganaderos y recientemente en cultivos agresivos de empresas extranjeras como la palma africana.

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